Cantaores flamencos antiguos: las voces que dieron forma al cante

Bar flamenco in Barcelona

Antes de que existieran los tablaos como los conocemos hoy, antes de las grabaciones y mucho antes de que el mundo declarara al flamenco Patrimonio de la Humanidad, hubo un puñado de voces que, cantando en tabernas y fraguas de gitanos, definieron sin saberlo lo que este arte llegaría a ser. 

Esta es una guía a los cantaores flamencos antiguos: quiénes fueron y por qué su legado sigue vivo cada noche en un tablao.

Los primeros pasos 

Entre los pioneros más remotos destaca Antonio Monge Rivero, conocido artísticamente como "El Planeta", quien destacó tanto como cantaor como guitarrista. Con su voz profunda, fue una figura clave.

Junto a él, su discípulo "El Fillo" (Antonio Ortega Heredia, 1806-1854) aportó la famosa voz "afillá": rasgada, dolorosa y grave.

Estas primeras voces de los cantaores flamencos antiguos no contaban con grabaciones de estudio, pero su mitología sobrevivió gracias a la tradición oral y al profundo impacto emocional que causaban.

Silverio Franconetti: el hombre que sacó el cante de la taberna

Silverio Franconetti Aguilar nació en Sevilla, hijo de padre italiano y madre española, aprendió el cante gitano en Morón de la Frontera, y aunque nunca dejó de ser payo en un arte dominado por familias gitanas, dedicó buena parte de su vida a defender y difundir el cante gitano que aprendió de niño.

Su aportación decisiva no fue solo artística: fue empresarial. Silverio profesionalizó el flamenco, llevándolo a los cafés cantantes, esos locales del siglo XIX donde el cante empezó a cobrarse como espectáculo pagado en vez de tradición oral gratuita. 

Su gran rival de la época fue Tomás "El Nitri", sobrino del propio Fillo. El Nitri fue, además, uno de los primeros ganadores de la Llave de Oro del Cante, un galardón tan exigente que en toda la historia del flamenco solo lo han recibido cinco artistas: el Nitri fue uno de ellos; los otros cuatro fueron Manuel Vallejo, Antonio Mairena, Camarón de la Isla y Fosforito.

Antonio Chacón y Manuel Torre: la rivalidad que definió una época

Si Silverio abrió el camino, la generación siguiente lo llevó a su culminación artística y lo hizo, como suele pasar en el flamenco, a través de una rivalidad legendaria.

Antonio Chacón empezó a cantar de niño junto al guitarrista Javier Molina y su hermano bailaor, recorriendo Andalucía para ganarse la vida. 

Fue el propio Silverio Franconetti quien lo contrató para su café sevillano.

Se ganó el título honorífico de "Don" por el respeto que despertaba, y junto al guitarrista Ramón Montoya dejó fijadas muchas de las estructuras armónicas que el flamenco todavía usa hoy. Brilló especialmente en los llamados cantes libres.

Su gran contrapunto fue Manuel Torre, considerado durante décadas el rey del cante jerezano. Federico García Lorca llegó a describirlo como el hombre con más cultura flamenca en la sangre que había conocido jamás. 

Mientras Chacón deslumbraba siempre con una técnica impecable, Torre era irregular, pero cuando encontraba el momento, según cuentan quienes lo vivieron, el cante se volvía tan intenso que el público terminaba desgarrado de la emoción. 

Esa oposición entre técnica perfecta y pura intensidad emocional sigue siendo, más de un siglo después, una de las tensiones centrales que cualquier aficionado reconoce en el flamenco.

La Niña de los Peines: la voz que abrió camino a las mujeres

Ningún repaso de los cantaores antiguos estaría completo sin Pastora María Pavón Cruz, conocida artísticamente como La Niña de los Peines. 

De etnia gitana, está considerada una de las voces más importantes de toda la historia del cante, en una época en la que el protagonismo solía recaer casi exclusivamente en los hombres.

Su repertorio abarcó prácticamente todos los estilos del cante, desde los más festivos hasta los más hondos, y su influencia se extendió mucho más allá de su propia generación: marcó el camino para todas las cantaoras que vendrían después, hasta las voces catalanas contemporáneas que hoy suenan en tablaos como el nuestro.

Escucha ese legado en directo en El Duende

Escuchar hablar de nombres de hace más de cien años puede parecer un ejercicio de nostalgia, pero no lo es. 

La mejor forma de entender por qué estos nombres siguen importando no es leer sobre ellos, sino escuchar en directo a los cantaores que hoy continúan esa misma tradición. 

En El Duende by Tablao Cordobes, en La Rambla 33, en pleno corazón de Barcelona, ese hilo histórico sigue vivo cada noche.

El Duende es un flamenco bar íntimo con capacidad para solo 120 personas, así que la voz del cantaor llega sin distancia, tal como debió sonar en aquellos primeros cafés cantantes del siglo XIX. 

Hay funciones diarias a las 19:00, las 20:15 y las 21:30, con una duración de entre 50 y 55 minutos, y el elenco (seis o siete artistas por función) rota constantemente, combinando talentos consagrados y emergentes.